sábado, 31 de diciembre de 2011
"Para hacer una tarta de manzana, primero tienes que crear un universo". Carl Sagan
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Un simple bizcocho a base de harina, huevo, leche y
azúcar es en sí mismo un buen ejemplo de milagro químico. La vida,
nuestra existencia, es un constante ejercicio de imaginación para saber
tomar los ingredientes con los cuales conseguiremos productos tan
básicos como el pan o tan complejos como un ordenador. Sin embargo, no
es la combinación de elementos lo que produce un objeto, sino algo más
profundo y sutil: el proceso. Podemos tomar harina, agua, aceite y
levadura y no conseguir pan jamás. La importancia del proceso nos
advierte de que lo verdaderamente valioso no son las materias primas
sino el ingenio que es capaz de crear. Los humanos somos la única
especie del planeta con la facultad para crear, o sea, para añadir
nuevas realidades a las ya presentes en nuestro entorno natural. El
ingenio humano, sin embargo, se ha desbordado. Las casi 100.000
sustancias químicas artificiales son un ejemplo de la irresponsabilidad
creativa, pues la mayoría de ellas se han comercializado sin conocer a
fondo el posible impacto sobre la salud de las personas y la naturaleza.
Necesitamos un nuevo paradigma para el acto creativo humano. Crear ya
no puede ser diseñar un proceso; a este diseño hay que añadirle una
componente ética. Sin ética, la civilización como la suma de actos
creativos artificiales está condenada. Desde los inicios de la
industrialización los humanos no hemos parado de crear tartas de todos
los sabores, formas y texturas. Tartas indestructibles y tartas
venenosas. Como si fuéramos ajenos a nuestro propio acto creativo hemos
acumulado suficientes inventos letales como para destruir mil planetas.
La creación es el resultado de un equilibrio armónico entre todos los
elementos que la componen. Para crear una tarta de manzana hay que crear
primero este universo de armonía donde los elementos de la receta se
funden para generar una nueva realidad igual de armónica. Quien se
atreva a crear no puede hacerlo sin la levadura de la ética. Sólo ésta
garantiza una adecuada fermentación. Llevamos demasiadas décadas creando
sin ética como lo demuestran los fiascos de Bhopal, Chernobil, El
Prestige o el gas serín. Necesitamos un universo creativo diferente.
Por www.terra.org
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